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Por Alejandro Farrell

Campaña de incidencia contra la contaminación ambiental en la localidad de la Oroya, Departamento de Junín.

Inicio mi presentación con estas reflexiones: Casi todos estamos de acuerdo que los cristianos no buscamos peleas, generalmente somos gente de paz. Buscamos evitar conflictos a veces a toda costa, es decir no queremos entrar a ningún conflicto, pero los conflictos están permanentemente alrededor de nosotros. Y a veces cuando estamos frente a posiciones de extrema injusticia solamente se puede entrar una posición: ¿entro a esto o no entro a esto?, ¿qué hago? Por ello, no le falta razón a José Comblin cuando sostiene que “el silencio es mentira cuando hay que hablar la verdad”.

Creo que en nuestra Red nos dimos cuenta de eso al conocer una situación muy particular, al mismo tiempo muy común en muchos espacios de este país y muchos países del mundo: la situación de la contaminación ambiental en una localidad de la sierra peruana, La Oroya, ubicada en el departamento de Junín, a cuatro horas de la ciudad de Lima.

Esta campaña se inició como una lucha muy local, por informes que escuchaban las madres sobre los altos niveles de plomo en la sangre, sobretodo de niños y madres gestantes en la ciudad de La Oroya. Ellas no conocían del impacto en la salud de los niños, no tenían mucha precisión e información sobre el tema pero sí muchísima preocupación. Cuando fueron a conversar con los dueños de la empresa norteamericana DOE RUN , escucharon que había muchas fuentes de contaminación por plomo (el parque automotriz, el tinte de pelo de las madres, la pintura de las casas) y no era culpa de la empresa. Las madres cuando fueron indagando más se dieron cuenta que había una serie de cosas: la empresa botaba más de mil toneladas de plomo, arsénico y dióxido de azufre cada día en La Oroya, a través de la gran chimenea o de emisiones fugitivas que no se controlaban.

Esa preocupación la asumieron las mujeres de la Asociación Filomena Tomayra Pacci, una ONG que trabaja con esposas de mineros en la región central del país, y que tiene su oficina en La Oroya. “Las Filomenas” es una asociación que conforma nuestra Red y nos plantearon la posibilidad de que nos embarcáramos en esta campaña.

Lo primero que hicimos fue la de organizar un primer taller para hacer un autodiagnóstico. Nos dimos cuenta que teníamos a muchas personas que habían hecho reflexión bíblica y podían ayudarnos, orientarnos a este nivel. También teníamos experiencia a nivel de la relación con los medios de comunicación. Teníamos también vínculos con grupos solidarios en el Estado de Missouri, en Estados Unidos, que es por providencia el lugar donde la Empresa Doe Run tiene su sede.

Luego, pasamos a un estudio del conflicto en donde sacamos varias cosas interesantes. Encontramos un nicho, había algunas necesidades concretas y puntuales a las cuales podíamos responder nosotros y que ningún miembro de ese movimiento podía hacer.

Dividimos el trabajo en varios ejes y hasta la fecha, en estos dos años que hemos estado colaborando en este esfuerzo, seguimos en eso. Trabajamos en tres áreas:

a) Sirviendo de puente para que la población pueda acceder a información técnica en salud, en asuntos legales o en minería.

b) Desarrollando un proceso de reflexión bíblica permanente desde las iglesias, buscando su involucramiento en la campaña.

c) Desarrollamos un proceso de lobby o cabildeo a nivel político.

Resultados de la campaña:

a) Generar presión sobre gobierno peruano y la empresa al colocar el tema de los niños de La oroya en la prensa nacional e internacional. El tema es que son niños que no tienen posibilidad de proteger su propia salud, depende de la sociedad, del gobierno para hacerlos. Logramos en estos medios, en la televisión, en periódicos, revistas, radios abordaran el problema.

b) Presentar un proyecto de ley al Congreso a través de esta campaña de incidencia política. No nos quedamos en la crítica, sino que tuvimos una propuesta fija.

c) Servir de puente para que la población pueda acceder a información científica.

d) Proveer un acompañamiento evangélico a un movimiento popular y a sus activistas. Hay movimientos que no tienen nada que ver con la religión, fe cristiana pero sin embargo, compartimos muchos valores. Estamos luchando por casi la misma causa. Nosotros hemos tratado de proveer valores bíblicos a este conflicto ambiental, fundamentando la lucha de parte de algunos activistas, la población y las madres de familia sobretodo, en la Biblia.

Aprendizajes:

a) La importancia de precisar un rol. Es importante definir ¿Cuál es el rol de tu iglesia o de tu organización ante una situación de injusticia? El haber definido nuestro rol, a partir de nuestras capacidades, nos permitió insertarnos en el Movimiento por la Salud de la Oroya.

b) Identificar y utilizar los dones de cada miembro. Es necesario identificar y usar estratégicamente los dones y habilidades de cada miembro de la organización. En el caso de nuestra campaña, algunos contribuyeron en el tema de medios, otros en el tema legal, otros aportaron por su contacto y la gran confianza que han ido desarrollando entre las Mujeres de La Oroya y su institución. Las iglesias asumieron su rol pastoral a este nivel.

c) Conocer el conflicto mejor que la oposición. Ninguno de nosotros era experto en varios temas: en lo legal y lo ambiental, por ejemplo. Hemos tenido que capacitarnos en varios de estos temas inicialmente nuevos para nosotros.

d) Hay que analizar permanentemente el conflicto, sus actores, intereses, aliados, opositores y tomadores de decisión. Nosotros nos reuníamos cada dos o tres semanas y siempre empezamos con una reflexión de la realidad, a fin de ver cómo estamos, para ver si tenemos que modificar el mapeo que hemos hecho, es decir para responder mejor a la situación.

e) No descuidar la relación con los protagonistas del conflicto. Nosotros optamos por acompañar y fortalecer a los movimientos sociales si ejercer nuestro propio protagonismo. Muchas veces las iglesias y las organizaciones entramos para acompañar y servir a un grupo que está sufriendo una injusticia y después asumimos el conflicto, haciéndolo nuestro y nos olvidamos de los protagonistas.
 
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